Cine

La momia: la tumba del emperador Dragón (2008) – ¡un final descafeinado!

Ficha técnica

Título: La momia: la tumba del Emperador Dragón

Título original: The Mummy: the tomb of the Dragon emperor

Fecha de estreno: 1 de agosto de 2008

Duración: 1h 52min

Género: Acción, aventura y fantasía

Director: Rob Cohen

Guion: Alfred Gough y Miles Millard

Reparto: Brendan Fraser, Maria Bello, John Hannah, Luke Ford, Jet Li, Michelle Yeoh, Rusell Wong, Isabella Leung y David Calder

BSO: Randy Edelman

Recaudación: 401 millones USD

Productoras: Universal Pictures
Nota: 4.0

¡Muy buenas a todos corazones! Hoy es un día, un tanto agridulce, porque hoy se conmemoran varias cosas importantes. Por concretar un poco más el tema, hay una noticia buena y una mala. La buena es que en este post cerramos un capítulo trascendental en la historia del blog: la saga de películas de La momia (1999 – 2008). Hago énfasis en esto porque la primera entrega es la entrada más antigua del blog, publicada en marzo de 2023. ¡Anda que no ha llovido!

Dos años después, nos reunimos aquí para discutir la última parte de la trilogía, alias La momia: la tumba del emperador Dragón (2008). ¡Esa es, precisamente, la mala noticia! Estamos a punto de contemplar una película que ocupa un puesto cuán más relevante en la historia de las malas producciones. Si bien es cierto que, disfruté con gusto trayéndoos la primera entrega: La momia (1999) y la segunda: El regreso de la momia (2001), con esta tercera parte no me he divertido nada, hasta el punto de que os la traigo por el compromiso de cerrar este capítulo más que por otra cosa.

Debo confesar que no me acordaba de nada de esta película, y desgraciadamente, me la he tenido que volver a ver para poder hablar de ella de un modo adecuado. Tiene algunas cosas buenas, pocas son, pero hay que reseñarlas. Así que, sin más dilación, vamos a comentar la que, en mi opinión y en la de muchos, es la peor película de toda la trilogía. ¡Empezamos!

La momia: la tumba del emperador Dragón… ¡la tumba de la saga!

Si hay algo que difiere a esta película de sus otras dos predecesoras es, no la calidad del argumento, sino el cómo está reconducido. Seamos claros, la fórmula inicial que vimos en 1999 era la novedad, y vaga la redundancia, estuvo desarrollada casi a la perfección por el gran Stephen Sommers. En la segunda entrega la historia como tal ya empieza a flojear porque volvemos a ver bastante más de lo mismo, pero nos cuelan al rey Escorpión como polizón de a bordo, y como resultado, se obtiene un hilo argumental ligeramente diferente al de la precuela. ¡Dejemos a un lado los atroces efectos especiales!

Dicho en otras palabras, si hacer una segunda película no fue del todo un acierto, hacer una tercera parte es, como dijo una vez el célebre Dr. Ian Malcolm, “la peor idea en la historia de las malas ideas”. ¡Vaya forma de cagarla! Y lo peor de todo, es que hace poco corrieron rumores de que querían hacer ¡una cuarta parte!

La momia: la tumba del emperador Dragón es la peor película de la trilogía

La trama de este filme nos cuenta la historia del emperador Han, un señor de la guerra de origen chino que trata de unificar los reinos de su país para formar su propia imperio. Tras lograrlo, se proclama así mismo como “el emperador Dragón”. Paralelamente, ordena la construcción de La Gran Muralla China para maldecir y mortificar a todos sus enemigos.

Tiempo después, creyendo que toda su conquista se perderá tras su muerte, se pone manos a la obra para poder obtener la inmortalidad. Una bruja, llamada Zi Yuan, afirma conocer cuál es la clave de tal codiciado deseo, y por ello, el emperador manda a su mejor hombre: el general Ming a buscarla.

Tras dar con su paradero, la bruja y el general se enamoran el uno del otro. Al emperador Dragón este suceso le gusta “más bien poco”, ya que se lo toma como una traición por parte de su leal súbdito. Así las cosas, mata al general Ming y obliga a la ninfa Zi Yuan a que sea su reina y a que le conceda la vida eterna. La bruja, aparentemente, le lanza el hechizo de la inmortalidad en sánscrito: una antigua lengua que el emperador no conocía.

Al negarse a ser su reina, el tirano le apuñala en el estómago. Cuando cree que se ha salido con la suya, el emperador… ¡comienza a convertirse en barro! Esto es debido a que la bruja en vez de concederle la inmortalidad, le lanza a él y a su ejército una maldición que los condena a estar petrificados de por vida como estatuas. De esta manera, si el emperador lograse resurgir, se alzaría para esclavizar a toda la humanidad. ¡Vaya por Dios!

El emperador Dragón convertido en estatua de barro

El hilo argumental viaja a 1946, con un ya adulto Alex O’Connell a punto de descubrir la tumba del susodicho emperador, junto con Roger Wilson, un profesor de arqueología. Tras sortear diversas trampas logran localizar el nicho del monarca, pero son atacados por Lin, quien tiene como misión evitar a toda costa que el emperador Dragón despierte de “su fangoso sueño”.

Sin éxito por parte de esta, Alex y Roger logran llevar el sarcófago a Shanghái, ciudad en la que también están Rick O’Connell Y Evelyn debido a un encargo del gobierno británico: llevar el ojo de Shangri-La de retorno a China para que sea expuesto en el museo, como muestra de respeto y apoyo al pueblo chino por parte de Reino Unido. Con razón dicen que “no todos los héroes llevan capa”. ¡Me emociono y lloro, señores!

Los problemas empiezan cuando Alex descubre que Roger Wilson es, en realidad, miembro de una secta militar dirigida por el general Yang y su adjunta: Choi, que rinden culto al emperador porque le consideran el único que puede restablecer el orden y la grandeza de China. Así las cosas, nuestros protagonistas se reencuentran en un club nocturno llamado Imhotep, propiedad de Jonathan Carnahan, y unen fuerzas contra “la guerrilla del dragón”. ¿Queréis saber cómo termina la historia? ¡Pues ya sabéis lo que toca!

Los protagonistas de La momia: la tumba del emperador Dragón (2008)

El reparto: del estrellato al abismo

Como ya hemos visto en el anterior apartado, el argumento dirigido por Rob Cohen para esta producción no convenció en absoluto al público. Fijaros si fue mal que la película que hoy nos ocupa fue nominada a los premios Razzie de 2008, es decir, los galardones que se llevan las peores cintas de cada año. Sinceramente, me da bastante lástima que una franquicia que tuvo tanto éxito en sus orígenes pudiese terminar de un modo tan sumamente trágico.

La eficaz, pero sencilla, argumentación que creó Sommers del capítulo original empezó a tambalearse considerablemente en la segunda parte, y con esta última… ¡directos al pozo! Reflexionaremos sobre esto más adelante, pero esto es una prueba clara de cómo el afán de hacer dinero y la codicia rompen el saco.

Como iba diciendo, si ya el guion no es que fuera como para “echar cohetes”, el segundo punto interesante de las entregas anteriores: el reparto, también tuvo sus lagunas. Contamos de nuevo con el carismático y pintoresco Brendan Fraser en el papel del intrépido Rick O’Connell. Ahora bien, ¡no es ni la sombra de lo que fue! Realmente, toda la magia y encanto que tenía en las otras dos aventuras lo pierde por completo en esta, como el aire que se escapa de un globo. Tiene algún chascarrillo cómico en un intento de hacer eco a su “yo” del pasado, pero es que no hay manera.

Brendan Fraser interpreta a Rick O’Connell en la tercera entrega de la franquicia

Seguidamente, tenemos el personaje de Evelyn Carnahan, donde se produce un punto de ruptura altamente considerable, ya que en esta película tenemos a Maria Bello, frente a las otras dos entregas de la saga donde estaba Rachel Weisz. ¿Qué podemos decir de este personaje?… “¡Madre del amor Bellormoso!” Otro fallo garrafal de esa película, puesto que toda la gracia, inteligencia y personalidad que le dio Weisz al personaje de Evelyn se esfumó por completo en esta tercera parte.

Al igual que Brendan, Maria Bello no logra captar la esencia primigenia del personaje. Dejando a un lado que en el plano físico estas dos mujeres se parecen “lo que un huevo a una castaña”, lo más grave es que la figura de Evelyn no se parece en nada tampoco, psicológicamente hablando, a la versión anterior. No cuenta con carisma ni con astucia ni con inteligencia. ¡No tiene nada! Lamentablemente, Bello nos dejó una mala versión de sus dotes para la actuación con una interpretación de Evelyn Carnahan vacía y tosca.

Además, la ausencia de Weisz no es la única en esta película, ya que el actor Oded Fehr, que daba vida al líder de los soldados Medjay en las precuelas, tampoco sale en esta última entrega. Más adelante indagaremos en los motivos de las respectivas desapariciones, pero por ahora solo podemos decir “sayonara baby”.

Maria Bello en el papel de Evelyn Carnahan en la tercera entrega de la saga

En cuanto a los personajes principales, el premio al fracaso más estrepitoso se lo lleva, con todo mi pesar, Jonathan Carnahan. Este rol fue una figura muy emblemática en las otras dos entregas, entre otras cosas porque mezclaba comedia, cobardía, picardía, y hasta valentía, en algunos momentos. Dicho de otro modo, era un personaje polifacético y equilibrado. Y por supuesto, John Hannah supo jugar muy bien sus cartas, hasta el punto de hacerlo incluso demasiado bien diría yo. ¿Qué pasó aquí?

Particularmente, diría que este personaje es ridiculizado en todos los ámbitos de la palabra. Todo lo bueno que ofreció y podía ofrecer se fue… ¡al carajo! Durante la película, el espectador tiene la desgracia de oír diálogos llenos de sinsentidos y chistes cutres. Un ejemplo claro es cuando mantiene una “conversación” con uno de los “yetis” en la cordillera del Himalaya. Nada que ver con sus diálogos anteriores. ¿Os acordáis cuando le dice al dromedario en la primera si quería un besito? Pues así de deplorable lo han dejado. En resumen, las interpretaciones de nuestros tres personajes estrella quedaron, nunca mejor dicho, sepultados bajo la arena.

John Hannah de nuevo en el papel de Jonathan Carnahan

Ya hemos visto que los personajes principales tuvieron bastantes puntos flacos, pero ¿y si os digo que lo peor está por llegar? Pues bien, en este contexto tenemos el desastroso papel de Alex O’Connell, al que da vida el actor Luke Ford. Poco hay que decir de este actor, y lo poco que hay que decir tampoco es bueno. La figura de salvador y de héroe de acción le pega “como a un Cristo dos pistolas”. No se puede defender nada ahí tampoco, y además, sus diálogos son insulsos y baratos. Se las da de culto y listo, pero en verdad, no para de cagarla.

Luke Ford da vida al personaje de Alex O’Connell

Por último, y no menos importante, tenemos a la lista de personajes asiáticos. Creo que el hecho de querer explorar el potencial artístico de actores procedentes de otras culturas, y no quedarse únicamente en el marco estadounidense, es una de las mejores decisiones que se tomaron. No obstante, los personajes que conforman el susodicho abanico tampoco están bien elaborados.

En este sentido, tenemos a tres grandes titanes del cine oriental: Jet Li, Michelle Yeoh y Russell Wong. Estos grandes exponentes representan al emperador Dragón, a la bruja Zi Yuan y al general Ming, respectivamente. Pese a que los tres cuentan con diversas producciones reseñables dentro de la industria de Hollywood, pienso que esta no es una de ellas porque también incurren en el mismo problema que los actores principales. ¡Están desaprovechados!

Seamos claros, tampoco es que sean “la divina papaya”, pero que hayan dado unas interpretaciones insípidas se debe, curiosamente, a que los hemos visto en otras películas. Sería un insulto olvidar “los papelones” que tuvo Jet Li en Héroe (2002) o en Sin miedo (2006). Del mismo modo sucede con Michelle Yeoh en Supercop (1992), El mañana nunca muere (1997) o Memorias de una geisha (2005). Todas estas películas, en mayor o menor medida, son muchísimo mejores. De hecho, algunas fueron muy aclamadas por la crítica. ¿Y qué me decís de Russel Wong en New Jack City (1991)?

Jet Li y Michelle Yeoh en la tercera entrega de La momia

Finalmente, tenemos a los personajes de Lin (Isabella Leung) y a Roger Wilson (David Calder). La primera es la hija de Zi Yuan, y al igual que ella, tiene la misión de proteger la tumba del emperador Dragón. En cuanto a Wilson, es un falso profesor y arqueólogo que inicialmente trabaja con Alex para encontrar la tumba del villano. Sin embargo, es un sicario perteneciente a una organización militar china que rinde culto al emperador. La verdad es que poco hay que decir sobre ellos porque son personajes todavía menos confeccionados que los anteriores.

De este modo, tenemos un metraje que, tanto en argumento como en reparto, no estuvo para nada acertado. Afortunadamente, no todo son desavenencias en esta película. Por ello, en el siguiente apartado comentaremos los principales puntos fuertes de la producción.

Banda sonora y efectos de sonido aceptables

El guion de esta película es un variopinto entramado de escenas sin coherencia lógica, pero en el fervor de toda esta mediocridad argumental escrita por Alfred Gough y Miles Millard: creadores de grandes proyectos de culto como la popular serie Smallville (2001 – 2011), destacan los efectos especiales, así como la banda sonora, compuesta por el gran Randy Edelman.

Las escenas de acción y los efectos especiales son de lo poco favorable que tiene esta película. De hecho, están bastante a la altura de la primera pese a haber nueve años de diferencia entre ellas. En este sentido la peor es la segunda, puesto que con la digitalización del rey Escorpión se dieron un batacazo de los gordos. Personalmente, creo que las escenas más reseñables serían la lucha con los yetis en la cordillera del Himalaya, la persecución del carruaje con los caballos y la batalla final entre los ejércitos de las momias.

La secuencia de los yetis es de las mejores escenas de la película

Una de las cosas más llamativas de este metraje es que cuenta con dos guiños a sus dos predecesoras, o al menos considero que lo son. El fragmento de la pelea que tienen los O’Connell contra las momias al final de la cinta, rinde bastante culto a la secuencia de acción que vimos en la primera entrega donde Rick se pelea con los súbditos de Imhotep. ¿Os acordáis de ese momento?

Y del mismo modo, la parte en la que tiene lugar la batalla entre los dos ejércitos de momias tiene gran paralelismo con la escena de la segunda película en la que los soldados Medjay luchaban contra el ejército de Anubis. Estos puntos me parecen de lo mejor de la película, y por tanto, los matizo. ¡Hay que decir lo bueno y lo malo!

Las escenas de lucha entre Brendan y Jet Li o entre este último y Michelle Yeoh también están bastante bien coreografiadas. Esto también merece especial énfasis, ya que tanto Li como Yeoh son actores con grandes tablas en el mundo de las artes marciales, liga en la que nuestro amigo Fraser iba mucho más justito. Quedaron unos planos muy bien conseguidos, así que en este punto, otra buena dosis de positividad que se lleva la película. ¡Muchas felicidades!

La banda sonora de la película también esta bastante bien conseguida. Es épica, aventurera y refleja muy bien ese ambiente de clímax propio de las entregas anteriores. Ahora bien, pese a que Randy Edelman hizo un buen trabajo, debo sentenciar que no es tan cautivadora como las de sus predecesoras. Con grandes trabajos como El último mohicano (1992), Dragón: La historia de Bruce Lee (1993) o Mientras dormías (1995), Edelman supo dejar claro que estaba muy preparado para hacer una composición musical digna para esta película. Aun así, quedaron algo por encima tanto Jerry Goldsmith como Alan Silvestri, compositores de La momia (1999) y El regreso de la momia (2001), respectivamente.

Curiosidades detrás de las cámaras

Seguidamente, vamos con un apartado que me gusta mucho comentar en las críticas de las películas: la historia que hay detrás de ellas en el momento que se rodaron. Lo creáis o no, pese a que el filme parece estar envuelto en una nebulosa de negatividad, también tiene cosas muy interesantes que contar. Sin más dilación… ¡procedemos con ellas!

La primera de todas ellas es bastante “intuitiva”. La película recaudó un beneficio de 401 millones USD, bastante por encima de su presupuesto: 145 millones USD. Sin embargo, las malas críticas que recibió propiciaron que los estudios de Universal “echasen la persiana” y decidieran no continuar con esta popular saga de aventuras.

Stephen Sommers fue el director de las dos primeras partes, pero decidió no dirigir esta tercera entrega porque, en primer lugar, no le convencía la fuerza que tenía el guion, y en segunda lugar, porque tampoco tenía ganas de verse implicado en el esfuerzo de dirigir un trabajo de tal calibre. Pese a todo, tal y como se puede observar en los créditos, figuró como uno de los productores ejecutivos.

Stephen Sommers fue director de las dos primera entregas y productor de la última

Ante esta situación, Universal Pictures intentó que Joe Johnston la dirigiera, pero también la rechazó. Finalmente, recayó en Rob Cohen, que aceptó por estar fascinado por la tradición china. Según él, siempre había querido hacer una película que tratase de esta cultura, y por ello, ¡aceptó sin dudarlo! De hecho, hace un pequeño cameo al final de la película.

Un aspecto bastante interesante es que la idea de que el emperador Dragón se convirtiera en barro procede de Qin Shi Huang: el primer emperador de China. Al fallecer, fue enterrado entre esculturas de cerámica de sus soldados para que lo protegieran en la otra vida. ¡Increíble!

Inicialmente, Rachel Weisz sí iba a estar en el rodaje de esta tercera entrega, pero al final optó por mantenerse al margen. Hay varios rumores sobre por qué actuó así. Uno de ellos es que tenía un hijo pequeño, y como el rodaje era en China y durante muchas semanas, no quería estar separada de él tanto tiempo. Otro rumor es que se opuso a la idea de que Evelyn fuera madre de un hijo con una edad tan adulta, aunque para ser sinceros, me parece un argumento bastante pobre. Por último, está el argumento por excelencia: el guion no le entusiasmó lo más mínimo y decidió no subirse al carro. ¿Cuál creéis que es la razón auténtica?

Brendan Fraser y Rachel Weisz en el rodaje de La momia (1999)

Del mismo modo, a nuestro amigo Oded Fehr le dieron el beneplácito de poder volver a dar vida al personaje de Arderth Bay: el líder de los Medjay. Sin embargo, también rechazó el papel debido a que su rol era ser el guardián protector de la tumba de Imhotep. Al no estar este en la historia, su participación no tenía sentido, ergo decidió mantenerse al margen. ¡Sabía decisión!

Las tomas del interior del museo con la estatua del emperador, el templo de Shangri-La o los puentes colgantes de las cordilleras del Himalaya fueron rodados en Montreal, mientras que las escenas del desierto donde tiene lugar la contienda final sí que fueran rodadas en territorio chino. Lo realmente curioso es que grabaron en zonas próximas a un campamento militar y tenían que detener el rodaje para que los cadetes pudieran hacer sus prácticas, entrenamientos y maniobras.

Otro aspecto llamativo es que la indumentaria que llevan las bailarinas en el club Imhotep (referencia al antagonista de las dos primeras) llevan una estética y look que rinden homenaje a la escena de lucha tan popular que vimos en la segunda entre Anck Su Namun (Patricia Velásquez) y Nefertiri (Rachel Weisz).

Para crear la batalla final de los ejércitos de momias utilizaron el programa de edición Massive. Esta aplicación, desarrollada a comienzos de los años 2000, fue utilizada para grabar un sinfín de escenas de lucha de grandes películas como El señor de los Anillos (2001 – 2003). ¿Recordáis la carga de los Rohirrim contra los orcos en el Abismo de Helm y en los campos del Pelennor? Pues fueron hechas con esta herramienta. ¡Fascinante!

Por último, a modo de anécdota, os diré que en mayo de 2024, como consecuencia del 25 aniversario del inicio de la saga, reestrenaron ¡el mismo día! las dos entregas iniciales. Dejaron una media hora descanso entre ambos visionados para visitar los lavabos, estirar las piernas, comprar palomitas y demás menesteres. ¡Gocé como un niño! Lo mejor de todo es que pude vivir la experiencia de verlas en pantalla grande, ya que cuando se estrenaron tenía uno y tres años, respectivamente. Os cuento esto porque emitieron las dos primeras, pero esta se la fumaron. ¿Por qué sería?

Conclusión

La momia: la tumba del emperador Dragón es una película que está plagada de “claroscuros”, pero sobre todo, más de los segundos. Es una entrega que, hasta cierto punto, puede llegar a entretener en algunos aspectos, pero la cruel realidad es que dista años luz del éxito cosechado por las dos precuelas.

Honestamente, si echamos la vista atrás, tenía un objetivo bastante complicado de conseguir porque la línea argumental, después de dos partes, estaba bastante trillada. Si a eso le sumamos el déficit de calidad del guion y un elenco de actores desajustado obtenemos… ¡un desastre! Ahora bien, si la trilogía hubiese sido rodada en orden distinto esta cinta no hubiera salido tan mal parada. No es que la película en sí misma sea mala, es que lo es si la comparas con las otras dos. ¡Por algo dicen que las comparaciones son odiosas!

Si La momia: la tumba del emperador Dragón se hubiese estrenado en 1999, pues casi seguro que el público, me incluyo también, no la hubiera repudiado tanto. ¡Sería novedad! Al no haber nada previo con lo que comparar, a no ser que lo hiciéramos con otras películas de aventuras como Indiana Jones, no podríamos decir: “es mejor la primera” o “es mejor la segunda” o comentarios de ese estilo. El problema que hubo aquí es que las otras dos partes dejaron el listón muy alto, y si en 1999 y 2001 pudieron hacer dos metrajes así, pues lo lógico es esperar que en 2008 sea todavía cien veces mejor. ¡Craso error!

La momia: la tumba del emperador Dragón (2008) decepcionó al público a gran escala

Lo segundo que falló aquí es el dinero. Cuando se estrenó la primera parte, tan solo un par de días o así después del salto a la gran pantalla, las productoras comenzaron a presionar a Sommers para que fuese planteando argumento para la segunda parte. Es más, creo que ya estaba redactado, y simplemente, le convocaron para que lo presentara. ¿Por qué? La respuesta es que los productores vieron La momia como “una máquina de hacer dinero”. ¡Lamentable! Este fue el motivo por el que la cagaron tanto con el CGI en la segunda parte con el rey Escorpión. La productora estaba con la idea de “esto hay que sacarlo y hay que hacerlo a la voz de ya”.

La realidad es que los que estamos familiarizados con el cine, sabemos que hay una serie de praxis y de dogmas que, rara vez, suelen errar. Por ello, las películas nos suelen acabar dando la razón. Cada vez es más flagrante que los cineastas y los productores ignoran un principio básico del cine: el espectador tiene que creerse lo que ve en pantalla. Da igual que sea terror, sci-fi, comedia, etcétera.

La película tiene que crear una atmósfera que incite a que el público se cautive con lo que ve, aunque sepa que no hay ni un atisbo de realidad. La momia: la tumba del emperador Dragón falla en este aspecto “de cabo a rabo”, y lo podemos observar desde el momento en el que la voz de Maria Bello, a modo de narrador omnisciente, nos cuenta la trama de la película. ¡Nada que ver con la ambientación de Oded Fehr en las dos primeras!

En resumen, la última parte de la trilogía es, claramente, la peor de las tres. Es un filme que debe verse más por obligación y compromiso que por gusto. No es una pieza con la que el espectador disfrute, puesto que no para de venirte a la cabeza el pensamiento de “vaya pufo han hecho aquí”. Aun con todo, no hace mal a nadie verla y comparar opiniones a ver si, realmente, la película es floja porque lo es o si es una simple cuestión de creencia popular o “boca boca” lo que ha hecho que esté, a día de hoy, tan mal valorada.

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